Hace algunos días asistí a la reunión anual de geomorfología y después a un examen predoctoral, ambos eventos generaron ideas que dan lugar a esta nota en el blog.
Comenzaré por decir que la descripción de las geoformas en un país tan grande como el nuestro (México) con 1 959 248 km² de superficies terrestre, que equivale a casi un tercio de Europa quitando Rusia o a 24 países europeos que tienen la misma superficie que México, así de grandote es nuestro país. Está gran superficie del país y tan pocos geomorfólogos ocasiona que el conocimiento del relieve de México sea escaso, más o menos bien a escala 1:250 000 y algunas planicies agrícolas a escala 1:50 000. Otro factor que abona al poco conocimiento del país es la diversidad de las formas de relieve, por tamaños, formas y altitudes. Además, México es complejo por su diversidad rocas, geoformas, climas y suelos que provocan una alta biodiversidad.
Mientras otros países han dejado atrás la geografía descriptiva y a la explicativa desde el siglo XIX, nosotros avanzamos con pasos lentos, muy lentos porque cada vez somos menos, los que antes eran los jóvenes geógrafos son ahora, en la XIII reunión anual de geomorfología, gente de la tercera edad o mayores y son pocos para un país tan grande. En otras palabras, la geomorfología en México sigue necesitando exploradores que describan y expliquen su territorio, pero también se requieren geógrafos que analicen espacialmente las formas de ocupación humana o los usos de la tierra (agrícola, forestal, pastoril, acuícola, periurbano, urbano), los flujos de materiales (sedimentos, agua, suelos), mercancías, gente, información y contaminantes, por mencionar algunos ejemplos. Un buen análisis geomorfológico y geográfico en general permitirán un mejor entendimiento de los servicios ecosistémicos de los paisajes geográficos y las interacciones con sus vecinos.
Con respecto a la geomofología, como decía un buen amigo, para describir y clasificar lo complejo hagámoslo sencillo, es decir, primero definir la escala de trabajo y los objetos a clasificar. Un ejemplo con canicas, si tenemos un conjunto de canicas y las queremos clasificar, entonces debemos definir formas (solo esferas), tamaños (grandes, medianas y chicas), materiales (vidrio, arcilla, metal) y colores (uniformes, con franjas o de varios colores). De esta forma tenemos los criterios para clasificar y nombrar los objetos, así una canica pequeña de metal se llamará balín, una esfera de vidrio grande será una bombocha, una esfera de cristal transparente y pequeña será una agüita, una esfera de unicel o madera no serán canicas, ni una esfera de vidrio del tamaño de una pelota de balonmano tampoco lo será.

El problema es que cuando se estudian las formas del relieve, estas no son formas geométricas regulares, hay una gran diversidad de tamaños y composiciones (rocas y suelos), por lo que hay que ponerle ingenio para nombrarlas y clasificarlas. Otra complicación es la definición de los “objetos”, por ejemplo, sobre el concepto “montaña” no hay consenso sobre el tamaño mínimo, aunque la tendencia actual es integrar la altitud, volumen, bioclima y la génesis. Lo mismo sucede con el concepto “loma”, definida como una pequeña elevación del terreno, de altura relativa de algunos metros a entre 100, 300 y hasta 1000 m, con una configuración suave de sus laderas y base ancha. Lo mismo sucede con otras formas del relieve. Así que, volviendo al ejemplo de las canicas, el consejo es definir los objetivos con base en las propiedades relativas a su zona de estudio, no hay que pretender hacerlo para todo el mundo porque no hay concenso, los lectores de las nuevas obras sabrán a que le llama usted colina pequeña, mediana y grande, loma baja, media y alta, cerro pequeño, mediano y grande y montaña grandotota, grande, mediana, pequeña y chica. A los tamaños se les puede asociar el tipo de roca, por ejemplo montaña kárstica pequeña, o incluso los suelos.
Otra opción por seguir es el uso de los nombres que la población ya les da a esas formas del terreno, no hay que inventarlas si ya existen, por ejemplo, los vocablos mayas para algunas formas del relieve son: Kankabal, Akalche, Peten, con diferencias en tamaño, altura y altitud, evitando usar nombres imprecisos como “sierrita de Ticul” en lugar de lomerío kárstico alineado de Ticul, o el ya muy famoso “Valle” en lugar de cuenca de México.
También es importante mencionar que se vale inventar nombres de las forma del terreno, en biología es un gran hallazgo descubrir una especie, pero en geomorfología tendemos a generalizar e ignorar las “imperfecciones del relieve”, caminamos en el sentido contrario a la ciencia a pesar del uso de sensores de alta precisión. Generalizando los mapas se verán bonitos, pero no serán precisos, de manera que el consejo es que el mapa primero sea preciso y después precioso, como decía un buen amigo geógrafo alemán.
Los mapas no serán el objetivo, serán el medio para describir, entender y explicar el por qué las cosas son como son y para donde se va el asunto que nos motivo a realizarlo, hacia el desastre socio-ambiental o hacia el desarrollo con sustentabilidad, si los territorios están generando riqueza para todos o solo para algunos pocos.
Describir y entender el territorio con todos sus elementos es fantástico, pero además es útil porque ayuda a entender si el uso de la tierra es sustentable, justo e incluyente, no hay geografía neutral dicen por allí.
Gracias por el manuscrito, muy interesante. Hay vacios del conocimiento en geomorfologia en México , ejemplo profundizar la veopedologia de Zinck, por paisajes, en formas del terreno de montañas en general, y en montañas karsticas en particular. Otro pendiente es la etnogeomorfologia, rescatar el conocimiento de nombres y significados de geoformas y su relacion con suelos, plantas , etc, en las 60 y tantas etnias. La geomorfologia y peligros ambientales, sobre todo en zonas inundables urbanizadas. Y finalmente generar la cartografía geomorfologica a escalas de pequeña a grande en todo el pais, o al menos en regiones prioritarias
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Hay mucho por hacer y pocos estudiantes