Desde tiempos ancestrales, mucho antes de que la ciencia moderna estableciera sus laboratorios, los campesinos de México ya habían desarrollado un entendimiento profundo y vital de la tierra que pisan. Esta sabiduría campesina, hoy estudiada como etnopedología, no es un conjunto de mitos, sino un sistema de conocimiento holístico y empírico que permite a comunidades como los Mayas, Mixtecos, Choles y Purépechas manejar su territorio con una precisión asombrosa.
Para el campesino mexicano, el suelo no es solo la capa superficial; poseen una visión tridimensional que les permite identificar lo que hay “debajo”, como el concepto maya de K’an kab o el chol K’an kab lum, que describen suelos con un horizonte amarillo bajo la superficie, ideal para ciertos cultivos. En la Mixteca Alta, por ejemplo, los cafeticultores seleccionan tierras basándose en la profundidad del suelo y el espesor de la hojarasca, entendiendo que un suelo sano de más de un metro de profundidad es la garantía para una producción orgánica exitosa y la protección contra la erosión.
La sabiduría sobre los suelos es el pilar de la seguridad alimentaria e hídrica del país por varias razones fundamentales:
- Manejo de la Heterogeneidad: Los campesinos practican una “agricultura de precisión” natural. Los mayas saben que en un mismo terreno pueden coexistir suelos negros (Box lu’um) en las partes altas y suelos rojos (Chak lu’um) en las bajas, aplicando manejos diferenciados que optimizan los recursos y evitan el despilfarro.
- Seguridad edáfica y del agua: En zonas kársticas como Yucatán, el conocimiento local sobre la retención de humedad y el drenaje de suelos como el Ak’al che’ (zonas que se encharcan) es crítico para la supervivencia de los cultivos ante lluvias impredecibles. Un suelo sano, rico en materia orgánica según la percepción local, actúa como una esponja que sustenta el ciclo del agua y previene la degradación ambiental.
- Sustentabilidad Orgánica: En la producción de café orgánico, los productores dependen totalmente de la salud natural del suelo, utilizando árboles de sombra para regular el microclima y aportar nutrientes a través de la hojarasca, una práctica que preserva las funciones ambientales del ecosistema.
La relevancia de integrar este conocimiento con la ciencia técnica es innegable para el futuro agrícola de México. Al reconocer nombres como Charanda (suelos arcillosos rojos) o Tocura, no solo honramos una lengua (purépecha), sino un manual de supervivencia que ha mantenido suelos fértiles por milenios. Mantener la seguridad alimentaria nacional depende de este “diálogo de saberes”, donde la voz del hombre de campo guía el uso respetuoso de la tierra para garantizar que las futuras generaciones también tengan suelos sanos que cultiven su vida.
Los reportes proporcionados demuestran que el conocimiento campesino no es un conjunto de mitos aislados, sino un sistema estructurado y validado científicamente que destruye prejuicios profundamente arraigados:
Prejuicio 1: “Solo ven la superficie” Este prejuicio queda invalidado por la visión tridimensional (3D) que poseen diversas culturas. Los campesinos de La Huacana, Michoacán, tienen una visión que reconoce los horizontes subsuperficiales, lo que les otorga una perspectiva de profundidad del suelo más allá de la capa arable. En la cultura Maya, el término K’an kab lu’um significa literalmente “suelo amarillo debajo”, lo cual identifica explícitamente la presencia de un horizonte B de ese color bajo la superficie. De igual forma, la nomenclatura Ch’ol se basa en características tanto de horizontes superficiales como subsuperficiales, incluyendo el color de la matriz del suelo y de sus moteados en profundidad.

Prejuicio 2: “Solo es de uso local” Los reportes señalan que este conocimiento tiene una escala que trasciende lo local. La nomenclatura maya es utilizada por más de 1.5 millones de personas en la península de Yucatán y su clasificación es aplicable a un territorio de aproximadamente 152,000 km² debido a la repetición de patrones de relieve y suelo. Además, se afirma que el conocimiento maya sobre suelos puede ser utilizado en otras zonas de karst (piedra caliza) ubicadas en todo el mundo, lo que le otorga una relevancia global para mejorar las clasificaciones internacionales.

Prejuicio 3: “No se pueden hacer clasificaciones” Las fuentes demuestran la existencia de esquemas de clasificación complejos y jerárquicos. Se ha logrado organizar el conocimiento maya en una Clasificación Maya de Suelos (MSC) con una estructura jerárquica y dicotómica muy semejante al sistema internacional de la Base de Referencia Mundial (WRB). Los Ch’oles también poseen categorías cualitativas y de capacidad de uso que permiten clasificar los suelos con un consenso del 90% entre la población. En Michoacán, las clases identificadas por los campesinos corresponden a horizontes y capas específicas que pueden ser organizadas en esquemas de clasificación formal.

Prejuicio 4: “Es solo folclor, no conocimiento” La validación técnica es contundente: el conocimiento tradicional es consistente con los resultados derivados de procedimientos científicos. Mediante análisis discriminantes en laboratorio, se comprobó que los nombres asignados por campesinos de Michoacán tienen un sustento físico y químico real (textura, materia orgánica, pH), con un 76.2% de los casos validados matemáticamente por la ciencia. Asimismo, las percepciones campesinas sobre la aptitud del suelo para cultivos como el café coinciden con modelos técnicos que analizan la profundidad del perfil, la altitud y la conductividad eléctrica. Este saber es producto de una larga historia de observación y experimentación empírica transmitida por milenios.

Cuadro: Clasificaciones campesinas y propiedades de los suelos
| Cultura | Propiedades Utilizadas para Nombrar (Criterios) | Ejemplos de Clases de Suelo (Nomenclatura Local) |
| Maya (Yucatán) | Posición en el relieve (altillos vs. planadas), color de la superficie y del subsuelo, pedregosidad (tamaño y abundancia), rocosidad (forma y abundancia), profundidad, textura y drenaje. | Box lu’um (suelo negro), K’an kab lu’um (amarillo abajo), Ak’al che’ (suelo inundable con árboles), Tzek’el (rocoso). |
| Ch’ol (Tabasco) | Color de la matriz y de los moteados, textura, pedregosidad, posición en el paisaje, vegetación, compactación y capacidad de uso. | Yiq’uel lum (negro de río), K’an kab lum (amarillo abajo), Chachac lum (moteados rojos en profundidad), Ji’il lum (arenoso). |
| Campesinos de Michoacán (La Huacana) | Consistencia (en seco y húmedo), color, textura, fragmentos gruesos (pedregosidad) y drenaje. | Charanda (suelo rojo arcilloso), Tocura (café rojizo, estructura laminar), Polvilla (arena volcánica negra), Barrosa (arcilloso pesado). |
| Mixteco (Oaxaca) | Profundidad del suelo, espesor de la hojarasca, color, pedregosidad y su relación con la altitud y la pendiente para la aptitud agrícola. | Ñu’un nuu (suelo negro), Ñu’un kuan kixin (suelo arcilloso amarillo), Ñu’un kuan yuu (amarillo pedregoso). |
| Purépecha (Meseta Tarasca) | Color de los horizontes, pedregosidad, textura, plasticidad, compactación y clima/paisaje. | Echeri charanda (tierra roja arcillosa), T’upuri (suelo limoso), Urhuan (suelo de ceniza volcánica). |
Puntos clave de la nomenclatura local:
Visión Tridimensional: A diferencia de los prejuicios técnicos, las culturas campesinas como la Maya, la Ch’ol y los productores de Michoacán poseen una visión 3D del suelo, nombrando las tierras basándose en lo que encuentran en los horizontes subsuperficiales (como el término K’an kab, que identifica explícitamente el color amarillo debajo de la superficie).
Relación con el Paisaje: El nombre del suelo no es aislado; a menudo describe la geoforma donde se encuentra (ej. suelos de montículo vs. suelos de depresión) y la vegetación indicadora que sustenta (ej. plantas hidrófitas en suelos Ak’al che’).
Validación Científica: Los atributos organolépticos (color, textura al tacto, dureza) utilizados por los campesinos han sido validados matemáticamente mediante análisis de laboratorio, mostrando una alta coincidencia con las propiedades físicas y químicas medidas por la ciencia moderna.
La sabiduría campesina sobre los suelos ha demostrado que no es folclor, es conocimiento puro y duro que deberá ser utilizado en la transición agroecológica para la seguridad edáfica, hídrica y alimentaria.
Gracias campesinos de México.
Referencias
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