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La transición agroecológica en México

Publicada el 28 septiembre, 202528 septiembre, 2025

El gobierno de México define la agroecología como “un enfoque integral que conjunta la ecología y los aspectos sociales para poner en marcha innovaciones agroalimentarias con respeto al medio ambiente”, por su parte la FAO dice que “La agroecología es una disciplina científica, un conjunto de prácticas y un movimiento social. Como ciencia, estudia cómo los diferentes componentes del agroecosistema interactúan. Como un conjunto de prácticas, busca sistemas agrícolas sostenibles que optimizan y estabilizan la producción. Como movimiento social, persigue papeles multifuncionales para la agricultura, promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales”. También la FAO reconoce que “Los agricultores familiares son las personas que tienen las herramientas para practicar la Agroecología, ellos son los guardianes reales del conocimiento y la sabiduría necesaria para esta disciplina”.

La agroecología, como ciencia, debe estudiar TODOS los componentes, la parte ecológica incluye al ecosistema y sus componentes (Estructura y función) y la parte agrícola se centra en la producción y consumo de los alimentos. Esta ciencia es transdisciplinaria, porque necesariamente incluye la sabiduría y cosmovisión de los productores y consumidores.

Pensar y diseñar estrategias de transición de la agricultura convencional, pensada y diseñada como negocio mediante la producción y comercialización de alimentos, a alguna forma de agroecología es un gran desafío donde las principales limitaciones a enfrentar son estructurales, económicas y técnicas.

En los sistemas agroecológicos la producción de alimentos no se basa en la cantidad sino en la calidad y la temporalidad, para lo cual se requiere sabiduría y conocimiento científico. Luego entonces para lograr una transición agroecológica debemos mirar e incluir la sabiduría campesina en toda su extensión e incorporar conocimiento científico para la solución de problemas locales, para lo cual se requiere un diagnóstico agroecológico (biofísico, agrícola y social).

En lo biofísico se recomienda hacer un diagnóstico detallado del ambiente (suelos, relieve, clima, rocas y organismos) tanto a nivel de estructura como de función del agroecosistema. El conocimiento preciso del funcionamiento del suelo en sus cuatro dimensiones (profundidad 1D, extensión 2 y 3D, y el tiempo de uso 4D), para reconocer su funcionamiento, por ejemplo, percolación, adsorción de nutrimentos, potencial de nutrimentos en el mediano plazo, profundidad efectiva, ambiente químico, capacidad de aireación y de retención de humedad, por mencionar solo algunas funciones, pero además expresarla cuantitativamente. La evaluación del sitio incluye el relieve si es zona donadora de sedimento o es receptora, el clima como por ejemplo los meses de lluvia continua, presencia de heladas, las sequías (estacional y meteorológica), los meses hiperhúmedos, entre otros parámetros. El ambiente geológico, si es ambiente volcánico, kárstico, fluvial, los tipos de roca, los tiempos de desarrollo de los paisajes geográficos, como por ejemplo karst reciente, karst juvenil y karst maduro.    

A nivel del manejo agrícola se cuenta con una amplia diversidad de prácticas, como aplicación de abonos sólidos y líquidos, enmiendas orgánicas e inorgánicas, captación de agua de lluvia, diversidad de métodos de riego, mezclas para el control de plagas, diversidad de tipos de arado, cultivos de cobertera, rotación de cultivos, cultivos acompañantes, harina de rocas, cal agrícola, fertilización, etc. Sin embargo, su uso, dosis y temporalidad de aplicación, dependerá del diagnóstico biofísico y agroecológico.

La selección de los cultivos deberá se acorde al ambiente y a los tipos de estructura y función del agroecosistema, buscando la complementariedad y disminuyendo la competencia por los recursos en superficie (por luz) y por abajo, en el suelo (agua y nutrimentos), esto obliga a conocer muy bien las plantas para que se ensamblen perfectamente al ambiente y las otras plantas, se requiere mucho conocimiento, sabiduría y capacidad de aprendizaje rápido.

La selección de los cultivos también deberá tener en cuenta las preferencias de los productores y consumidores evitando el uso de especies que requieran altas cantidades de insumos agrícolas y cuidados extremos por no acoplarse al ambiente y a las demás plantas. En la agricultura convencional se hace un uso excesivo de todo tipo de insumos agrícolas debido a que el objetivo es la máxima ganancia económica en el corto plazo y, a menudo, a la falta de un diagnóstico ambiental preciso. La educación universitaria aquí ha fallado y sigue fallando, los egresados de agronomía son, en su mayoría, incapaces de reconocer el suelo en el que trabajan, no conocen la morfología del perfil, su diversidad espacial ni su funcionamiento ecológico y ambiental.

La producción agroecológica en comparación con la producción convencional, demanda mayor cantidad de mano de obra, requiere un manejo y monitoreo detallado de las parcelas, por lo que se hace necesario considerar la historia de la parcela, el manejo agrícola y el manejo postcosecha. Es por esto por lo que el laboreo, riego, aplicación de enmienda y abono, rotación de cultivos, control manual de plagas y otras actividades agrícolas suelen ser un gran desafío en comunidades en las que la juventud abandona el campo.

Otros desafíos para la transición agroecológica

  • En nuestro país el gobierno ha diseñado programas de apoyo al campo, a los pequeños productores que combinan el uso de técnicas agroecológicas y convencionales, y con asistencia técnica; sin embargo, hay mucho por hacer en todos los sentidos para la transición agroecológica. Por ejemplo, disminuir los insumos de la agricultura convencional, como los plaguicidas y fertilizantes, hacer diagnósticos 4D, identificar las plantas adecuadas a los suelos, relieve y al clima.
  • La capacitación agroecológica de las personas que brindan asistencia técnica a los productores, muchos de ellos no provienen de carreras en agronomía, mucho menos en agroecología. En las universidades debemos aprovechar que existe un programa de asistencia al campo para formar a los nuevos profesionales que se necesitan para la transición agroecológica.
  • La producción agroecología requiere comercialización local, apoyo estatal y acceso a mercados justos. Los consumidores que demandan alimentos sanos libres de metales pesados y plaguicidas más allá de tamaños y colores espectaculares, muchas veces artificiales. Los consumidores deberán estar dispuestos a pagar un precio justo, ya que un alimento sano es mejor salud humana.
  • En la transición agroecológica será indispensable la sabiduría campesina o local que en nuestro país es abundante y diversa al existir 62 lenguas y saberes indígenas, más la sabiduría campesina mestiza, más la sabiduría local, no hacerlo uso de la sabiduría no es una opción sensata.
  • La transición agroecológica requiere que los estudiantes de agroecología y carreras afines generen empresas para producir nuevos insumos acordes con el ambiente y los cultivos, producidos con los materiales locales y con menores usos de energía fósil.

La vinculación universidad-productores-gobiernos- nuevos emprendedores es necesaria, estos cuatro sectores están desconectados y el cuarto es inexistente. Las tecnologías de la información y la comunicación deberán ser incorporadas a una gran estrategia de vinculación intersectorial.

Los estudiantes universitarios deberán ser entrenados para la elaboración de diagnósticos ambientales y agrícolas en general; para monitorear y evaluar el desarrollo de los cultivos; para aplicar las técnicas agrícolas correctas en tiempo y forma; para generar nuevas herramientas para las necesidades del campo mexicano. Para que el entrenamiento estudiantil sea completo, deberá ser experiencial, aprender haciendo es la clave, con instructores/profesores académicos con conocimiento científico de vanguardia y con campesinos/agricultores expertos en el hacer y en observar, en equipo en el aula y en el campo, pasando de los campos experimentales de las universidades tradicionales y centros de investigación a observatorios agroecológicos en parcelas campesinas.

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