Hace unos días hablé de geoestadística en un diplomado de suelos para agrónomos y unos días después en un curso latinoamericano sobre metales pesados, la reflexión estriba en que la estadística de agrónomos y de profesionales que trabajan en laboratorios es muy diferente a la estadística de la naturaleza, en este caso la geoestadística.
En los laboratorios de biología, química y física manipulamos las substancias para hacer curvas de calibración donde esperamos que la relación entre lo que ponemos y lo que medimos alcance una relación perfecta, con un valor de la r2= 1.0, aunque por los instrumentos utilizados aceptemos un valor de r2= de 0.997, en algunos casos.
En agronomía esperamos que los tratamientos con cuatro repeticiones y tratamientos contrastantes alcancemos valores de p< 0.05 que indican que los tratamientos son diferentes, pues claro los resultados deberán ser diferentes si seleccionamos tratamientos contrastantes que ya los hacen diferentes, a excepción de que la diferencia esté en el suelo o en la variabilidad de las plantas o las interacciones entre ambas.
En la naturaleza hay patrones claros, pero no perfección, hay un cierto nivel de caos dentro de los patrones encontrados. Por ejemplo, “la morfología del relieve se refiere al estudio de las formas de la superficie terrestre, las estructuras que la componen, montañas, planicies, valles, depresiones y otras, son el resultado de procesos geológicos internos y externos que actúan a lo largo del tiempo. Las formas de la tierra no son geométricas, no son perfectas. La montaña no es un poliedro (pirámide), las planicies no son planas, las depresiones kársticas no son circulares, ni los conos son perfectos, las lomas tienen formas diversas e imperfectas, los ríos no son rectos (el planeta se mueve), los volcanes tienen formas diversas, así como las sierras grandes, medianas y chicas, muy imperfectas.

Lo mismo ocurre con la especie humana, hay altos, medianos y chico, gorditos, medianos y delgados, diversos colores, formas de ojos, cabezas, manos, etcétera, diversidad al máximo. Lo mismo sucede con las plantas y todos los seres vivos, diversidad de formas. Incluso entre hermanos de la misma madre y del mismo padre.
En los suelos sucede algo parecido, hay patrones, pero nunca homogeneidad, 32 grupos de suelo según la WRB, pero con un grandísimo número de variantes. Puedo afirmar que no hay suelos iguales, solo parecidos, debido a que es imposible que los factores formadores sean iguales en intensidad (roca, relieve, organismos, clima, tiempo y manejo), ni los procesos de adición, pérdida, translocación y formación son igualles.

En geoestadística se han reportado varios (pocos) modelos teóricos de distribución espacial de las “cosas” que hay sobre la superficie terrestre, sin embargo, los modelos reales, medidos, experimentales son diferentes, a veces mucho y a veces poco, y es por esa razón que el valor de las r2 del modelo teórico nunca es de 1.0 ó 0.997, ni mucho menos los otros valores que le dan validez al modelo, como la validación cruzada, el error, por mencionar solo dos. En geoestadística no manipulamos la naturaleza, solo describimos los patrones que encontramos, como dicen mis colegas españoles: es lo que hay y ya está.
Fin del comunicado.